viernes, 20 de marzo de 2026

Un deseo, apagarse

 

    Por las noches, pero aún más en el atardecer. En el ocaso es donde aparece con vida propia esa nada. Sí, la nada y la desesperación. Así de paradójico es el desequilibrio y estar en un constante sube y baja.

En la oscuridad de la noche es más complejo, pesado. Porque de tarde podés salir a correr, nadar, remar o simplemente salir a caminar. Andar.

Pero de noche cuando pones la cabeza en la almohada es como abrir una cueva llena de murciélagos, un desparramo de oscuridades y malos pensamientos.



Te absorben, te hunden, te dan ansiedad. Y entonces otra vez esa nada. De nuevo esas ideas sin sentido o quizás con demasiado sentido humano. Esa ansiedad de la ansiedad y es cuando deseas algo imposible, porque algo de eso tiene el deseo. Una imposibilidad. No es lo mismo que una fantasía que sabes que es una irrealidad, algo que está en otro mundo, en otra dimensión. Un realismo mágico.

El deseo es el motor que te lleva para ver qué onda más ahí adelante. No desea algo. Se desea que pase algo. Qué hay en ese vacío llamado destino, vacío porque no sabemos que nos espera en esa arena de ese desierto que no deja de crecer.

Mi deseo entonces por las noches antes de dormir, cuando no puedo hacerlo, en medio de esa cueva llena de murciélagos, deseo en realidad apagarme. Que mi acción pase a modo apagado.

Apagarme en un sueño profundo sin soñar en nada. Apagarse como no estar.

Una dosis cada noche de apagado profundo. Y al amanecer volver a encenderse. Pero mis químicos en el sistema nervioso central, insisten con la cueva y los murciélagos, la oscuridad, las ideas malditas. El ácido del insomnio corroe cuerpo y alma mientras deseo apagarme. Un pharmakon, que en dosis equivocada podría apagarte por la eternidad.

“esa nada que duele”

Fernando Pessoa


martes, 3 de febrero de 2026

La esquina del barro y la lluvia: Bolívar y Perú

    Íbamos a irnos al Chaco en un Fiat 147 cuando aparecieron un par de motochorros y uno de ellos cayó, quedó tendido en el pavimento.


No sé porque tenía la sensación de que en esa esquina todo era barro. En realidad, era todo cemento. La habían pavimentado hace mucho. En los noventa o a fines de los noventa.

Entonces te pedía, gritaba, me desesperaba para que te apures, que me alcances bajo esa inmensa lluvia y poder subirme a ese 147 blanco. Yo estaba a unos cincuenta metros de la esquina.

Creo que en un momento aceleraste y llegaste hasta mí y cuando quise subir se salió la puerta, la puerta del acompañante. Como puede logré ponerla nuevamente en su lugar. Haciendo encajar sus partes como si fuese una puerta de una casa.

Mientras todo eso ocurría el segundo motochorro daba vueltas por la esquina. El mismo lugar donde el primero quedó tendido, sin conocimiento.


En toda la escena había barro, barro negro, ese barro pesado, barro más barro y mi desesperación para subirme al auto. Y la lluvia. Esa lluvia bíblica nunca paró. Como nunca supe si logramos ir al Chaco.

 5:47, amanecer, Posadas (Misiones) enero, 29/2026.

martes, 21 de octubre de 2025

Última manifestación

 

Hace algún tiempo dejé de soñarte. Y recién ahora, con una lluvia húmeda de invierno vengo a ver esta flor. A metros de mi nuevo hogar.

Entonces no solo te llevo en mi piel y también a donde voy, aunque reniegue de eso la mayoría de las veces.

Ahora te veo aquí. Cerca. En esta nueva tierra que busco sea mía, la siento así. Propia.

Porque quizás todo este absurdo de vivir no sea otra cosa que una búsqueda de cosas que, creemos saber qué es, pero es solamente creencia.


Reniego de llevarte en mí porque es mi última manifestación, mi último regaño porque te moriste.

La hidalguía de las rosas.

Posadas, Misiones, 13.22 

07 de agosto

No es la duda lo que enloquece: es la certeza.

F. Nietzsche, Prusia 1.880 d.c


jueves, 19 de junio de 2025

Despertar

 Con un amigo del alma viajamos sin avisar a su pueblo/hacíamos un programa de radio de manera intempestiva/moría de miedo porque no te habíamos avisado nada y al amanecer y no encontrarme en mi cama te asustarías/luego te pondrías furiosa/entonces desperté confundido y recordé hace cuánto no te imaginaba viva en mis sueños/ y me puse a pensar dónde estás/cómo podes resucitar a la muerte/tantos años sin casi nada de olvido.

(No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió)

Posadas 19 de junio 2025, otoño.


miércoles, 22 de enero de 2025

Confesiones de invierno *

Como casi todo en la vida parecía fácil, sencillo. Hasta que no lo es y se complica, todo se oscurece y el destino a lo que tanto temían los griegos te vuelve a decir que no. Que ésta no es la vez que vas a ganar. Y aunque digan que va a ser muy fácil. Es muy duro poder mejorar.


Fue lo que intuyó tras el golpe con el agua que estaba tibia esa tarde de mayo. Se habrá sumergido un metro quizás. Imposible saberlo, pero la fuerza del impacto desde el salto del puente hasta el río no fue tan fuerte. ¿O sí? Tragó un poco de agua y todo se le hizo color barro, turbio. Ni pensó en la mochila y sintió que las piernas se le iban para abajo. Como si en la profundidad del Paraná una extraña fuerza lo chupara hasta el fondo. Braceó y enseguida pudo sacar la cabeza. Por suerte tiró el casco antes de saltar y recordaba como los gendarmes iban hacia el para revisarlo mientras esperaba arriba de la moto y poder pasar al lado argentino. Estaba a unos 70, 60 metros del retén de migraciones y cómo mierda esos gendarmes sabían lo que él llevaba. Nunca revisan a nadie sobre el puente y no le quedó otra que saltar. Quería reírse por lo arriesgado, pero tenía que nadar o al menos hacer crol para mantenerse a flote. No podía mirar hacia arriba, hacia la baranda del puente San Roque González de Santa Cruz que ahora parecía tan lejano. Tanto como si estuviera en el cielo. Fue entonces cuando vio una figura acercarse y voces que no entendía bien. Ahí fue cuando pensó dónde quedó la mochila. Dudaba si saltó con ella o la dejó tirada sobre el puente. Si hice lo último soy un pelotudo pensó.

Sintió entonces como lo sujetaban del brazo y lo arrastraban sobre el Paraná hacia una embarcación. Durante esa maniobra se hundía: su cuerpo, sus brazos, sus piernas. La cara entraba y salía del agua.

Imposible saber cuánto tiempo estuvo en el río hasta llegar a la costa. Lo que recuerda bien es la imagen de la cúpula de la iglesia Stella Maris. Pensó que eso era una buena señal y que un intento de suicidio sería una excelente explicación a las autoridades.

Para ser mayo el agua no está tan fría y no me rompí ningún hueso y no me ahogué. También fue lo último que pensó cuando escuchó las primeras sirenas sobre la avenida costanera de Posadas frente a la imagen y a la iglesia de la patrona del mar. El ruido del pequeño oleaje del Paraná lo tranquilizó. Estaba en tierra firme.


Tras las primeras atenciones en la ambulancia y la confusión en su cabeza, una sensación que todo transcurrió rapidísimo y a su vez lento, en la comisaria le mostraron la mochila y las cinco bolsitas con cocaína. Trescientos cuarenta dos gramos fue el pesaje. Pensó en Eduardo y en ese “laburito” fácil que iba a salir. Pero nada es fácil en la vida. "No tienes profesión" recordó la canción de Sui Generis cuando los policías le preguntaron a qué se dedicaba. Pasero les dijo y aclaró que eso es más un oficio. El de pasar cosas desde Paraguay a Argentina. Pasas falopa le dijeron los oficiales mientras le insistían quién le había contactado para el cruce de los narcóticos a bordo de su moto. El salto del puente le generó cierto respeto con los representantes de la ley. Sin embargo, lo verdugueaban con ponerlo en las hacinadas celdas con otros detenidos y le hablaban de las “bienvenidas” que les daban a los recién llegados.

Volvió a pensar en qué momento creyó que ese “laburito” lo iba a sacar de pobre. Entonces se convenció de que no tenía sentido estar haciéndose el leal con Eduardo y se aprestó a dar en esa comisaría posadeña su confesión de invierno.

*Texto publicado en: https://neaconatus.wordpress.com/2024/12/07/neaconatus-inaugura-su-tiendaneaconatus-com-ar/

martes, 12 de noviembre de 2024

Hay allí una trama

 

No hay salto al vacío porque hay allí una trama, una vida.


Un lugar dónde buscar sin saber qué, pero buscar. 


Dos potencias enfrentadas: la luz y la oscuridad.


Potencia. 



Enfrentamiento. 


Búsqueda.

No debe ser otra cosa que ese escurridizo pez multicolor, el deseo.


[Primavera 2024, Posadas]

jueves, 26 de septiembre de 2024

Una tarde

 

Reír pensando que me perdí en unos arrabales cercanos al río. Reírme porque no
estaba perdido por tus calles subibajas que me encantan pero que aún confundo con avenidas. 


Los bulevares me parecen iguales. Se me hacen todos paralelos sin embargo me ubico. 


- Señor, disculpe: ¿para allá abajo es la avenida Corrientes?


- sí, para abajo.

Sentir libertad en la nueva ciudad que ahora es hogar. 

Sentir anonimato, eso es. Creo que eso es lo que me reconforta del paseo.


Posadas (Misiones), agosto 21, 18:37

sábado, 31 de agosto de 2024

Hacer justicia

 Soleado mediodía y los compañeros y compañeras empezaban a entrarle con ganas al asado. Hubo tardanza en servir por los discursos con épica para ir por la gobernación. 

Era un perfecto día peronista: frío, pero templado por ese sol de agosto. Ideal para las naranjas al sol y el vino tinto tibio.

La carne estaba exquisitamente tierna. Acompañada por fabulosas fuentes con mandioca.

Un señor de unos 60 y pico de años tras los primeros bocados les tiró el guante a dos muchachos dirigentes de sindicatos: camioneros y docentes. 

- A ver compañeros. Saben de dónde viene la palabra sindicato.

Los muchachos dudaron unos minutos mientras tragaban las costillas y chorizos. 

- El señor insistió. A ver si están capacitados. Antes a nosotros nos capacitaban. 

Los jóvenes seguían sorprendidos por la pregunta, pero no despegaban las manos de los cubiertos diseccionando las porciones de carnes y pinchando las mandiocas con los tenedores. 

- Sindicato viene del griego y significa: hacer justicia, defender a alguien que va a juicio. También significa unión. 

Hubo un breve e incómodo silencio y otras comensales salieron en defensa de los jóvenes para sacarlos del aprieto y vergüenza que suele cargar la ignorancia.

- Es verdad. Hay que volver a capacitar a los compañeros en los sindicatos. Ahora más que nunca.

jueves, 15 de agosto de 2024

Despertar

 

Se besan en las puertas de lo que parece ser una iglesia pero no lo es. 


Próximos a un precipio de un dique.


Él busca esconderse. Apoya sus manos en la cintura de ella. Se besan.


Se besan y cree saber que es el labio inferior de ella el que siente. 


Se despierta: exaltado, confundido. 


Ella, ella, se dice. 


La tarde es todo sol. Es 8 de marzo día internacional de la mujer.


Era ella vuelve a repetirse. 


8 De marzo 2024



miércoles, 7 de agosto de 2024

Otoño y viento norte

 

Ladran dos perros al ras de mi cara. Sobre uno de los muelles llora un muchacho. Llora y se lamenta mostrando el Paraná que está embravecido por un viento norte que es vendaval.

Como si esa masa de agua barrosa explicara su dolor o comérselo. 

Pongo mi bote en el agua y se bambolea para todos lados. El oleaje es una oda al mar en esta agua dulce.

Y quizás sea cierto lo de Heráclito. Cuando salgamos del río ni nosotros, ni él seremos los mismos. 

Todo pasa.

otoño en Posadas, 22/05/24



sábado, 2 de febrero de 2019

Existencia

Deberíamos inventar que nunca existimos. Que nada pasó. Que hasta este mundo no existe. 

Que estamos en un nivel no humano.

Sería la única forma de encontrar un escape a tanto laberinto sin salida y con techo.

11:34 resistencia 
01 febrero 2019

Kriptonita

Me hablan de ese séptimo cielo. Me indagan por ese lugar y entonces vuelvo a recorrer toda esa Torre de Babel. 

La noche. El cielo, el letrero del casino.
Tus piernas, tu cara, tus ojos, tus besos, toda esa alegoría del antes y el después de aquella vez. De lo que no fue. 

Entonces caigo en la cuenta de que volvés a revivir. Otra vez y otra vez. 

Cada tanto este fenómeno ocurre y como autoayuda me convenzo que es para recordarme que todo terminó y empezó ahí. En ese séptimo piso. 

Me lo recuerdo para decirme que estoy bien. Que ahora la vida es otra. Que ahora todo me hace bien. 

Que falacia. Seguís siendo kriptonita.

Enero 30. Corrientes Capital 13:10

Imbéciles

Afuera el infierno. Eso tan tremendo que suele ser lo conocido.

Adentro el tiempo no pasa y pesa.  Sopor de humedad y cadencia de verano lerdo. Como ese empecinado olvido. Obstinado en anclarse en el presente. 

Baja de tensión hace un rato. Apagar el split y poner ventilador. Como en los viejos tiempos. 



Leer, pensar, leer, pensar. Siempre pensar en nada. 

Siesta eterna.

¿cuándo pasará este infierno? Hablaron de ola de calor.

El mar es un utopía. 
Por qué tanta hostilidad del clima. Qué habremos hecho. Algo hicimos y hacemos. 

Imbéciles de la autodestrucción. 

Temperatura: 36.5°
Sensación térmica: 46°

Enero 26, Corrientes 14:16

Irresoluciones

Casi todos los días te miro. 
Ojalá ese casi se transformara
en certeza de no desear verte.

Irresoluciones, jueves 23:23. 
Finale, demasiado todo. 

Enero 24, 2019.

martes, 15 de enero de 2019

Rima y musas

Desde la mañana al despertar busqué una rima pero nunca la encontré. Intenté de varias formas pero no. Debe ser pariente cercana de las musas porque son de difícil hallazgo.
A veces creo que tenés algo de rima y de musa.
Domingo.


Demasiada hora crucial.

Atardecer de algún día de enero 2019. Corrientes, Capital. 

Entender

Ser digno en la derrota es una quimera.

Tener hidalguía cuando besas la lona seria como el solitario consuelo de los perdedores.

Por todo eso será que no quise verte cuando te fuiste de casa. Las pocas cosas que tenias en esa especia de localidad despoblada que habitábamos, las llevaste en soledad. 

Ahora creo enterdelo.
Un canalla. 
Un cobarde. 


Martes 08 de enero, 18:19. Corrientes, Capital.

domingo, 6 de enero de 2019

El título esperanzador


Veo caer, desaparecer a este primer domingo de enero.
Algo extraño tiene lo primero y lo último en las cosas, en los días y parece mucho más en los años. No sé, un tono fatalista quizás.

Busco hacer figuras con las nubes que se tornan rojizas. Logro un dragón con su boca abierta y una cola mediana.
En esta hora crucial como casi siempre me interrogo: hasta cuándo deberé tenerte para olvidarte.

Me consuelo a veces ilusionándome que todo es un chiste, como un mal entendido y que todo regresará en breve a la normalidad.
Es así cuando pienso en un título esperanzador.
Para vivir unos días de love.

Domingo 06 de enero, 20:13. Corrientes, Capital.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Claridad

Fue la primera vez que desperté esa mañana. Vi la claridad de tu ventana y aún un poco dormido pensé que estábamos viajando. No sé, como si estuviéramos en un micro y la ventana de la habitación era la del colectivo.




Sentí que así dormías a mi lado. Ambos, viajando en un micro.
Sentí paz, armonía.
Cosas que por lo general no se sienten, no las siento.

Sábado de verano, 29 diciembre de 2018. Corrientes, 15:52

domingo, 23 de diciembre de 2018

Rezar


Es domingo. Pasó la hora crítica del atardecer, anochecer, sin fútbol, sin películas, sin alcohol.
Sin programación en la tele.
Pienso en hace cuánto no entro a una iglesia. Lo que indefectiblemente me lleva a pensar en:
Rezar, creer, fe y todo lo que mantiene vivo al ser humano.

¿A caso dejé de estar vivo?
Todo fue a colación de que los 24 de diciembre hay misa. Algo desconocido para mí, quizás lo sabía en algún momento, pero hace mucho dejé de recordarlo.
Y entonces pienso en qué momento dejé de creer. El oficio, el trabajo, el amor, el olvido, la angustia, la tristeza, el resentimiento. ¿Cuándo empecé a caerme? ¿Hasta dónde caeré?



Ella me asegura que debo confiar en mí como primera medida. Y desde allí buscar la salida a esto que no sé qué es, pero se me hace como un laberinto.

La confianza en mí mismo me digo. Son casi las once de la noche y cuando retomé mi lectura de poesías y relatos, encontré un breve texto que hablaba de rezar.
Señales, digo. Justo hablaba de misas e iglesias, de fe, de creencias.
Debo planchar mi camisa para mañana lunes.
Fue un domingo más.

Domingo 22:57 Corrientes, Capital. Diciembre 16, 2018.

Abrazo


El abrazo de la luna al río. Inmensa conexión reflejada en una estela de luz sobre la superficie barrosa, marrón del Paraná que de noche es inmensamente negra.
Qué más amor que este abrazo, pienso y caigo en la cuenta de que nuevamente lo idílico se hace carne.



Desde la altura del puente se ve como un cuadro. Eterno cliché: luna, río, amores, desamores, encuentros, desencuentros.
Pero yo pienso en el abrazo. Hace cuánto no doy o recibo uno de esos que cobijan, protegen. Hoy domingo todo esto me parece un gran lugar común.

Debería ser más terrenal y dejar de huir por medio de la idealización. La luna sigue visible por un buen rato hasta que el colectivo se interna en la ciudad.
Quiero un abrazo.
Quiero estar protegido.



Domingo 23 de diciembre 2018. 11:57