No es novedad que la sociedad en la que vivimos cada vez se
asemeja más a una selva. Desde observar a
los individuos diez minutos en una
esquina notaremos la involución de lo que somos y quizás nunca seremos.
Sin embargo de vez en cuando hay atisbos de que aún hay
esperanza. Y así debe ser. La recuperación del nieto 114 por parte de las
Abuelas de Plaza de Mayo, el nieto natural de Estela de Carlotto, quizás
cierre, en parte el círculo de terror en el país. Un círculo de otro país hace
casi 40 años donde gobernaba el oscurantismo.
La noticia inundó el mundo literal y figuradamente. El
martes por la tarde a la redacción llega un colega indignado por el tratamiento
de la información por parte de un médico que como pasa tiempo habla o al menos
lo intenta hacer, en la radio.
“No puede ser lo que acabo de escuchar en la radio. A vos te
parece”, me decía una y otra vez tomándose la cabeza con ambas manos. Empezó
así su relato de lo que decía el doctor, su visión sobre la aparición del nieto
114 en la radio, que como plus es una de las de mayor audiencia en la Capital provincial. Sus
derrapes facinerosos eran apoyados por su acompañante, una señora que también
intenta hablar en el aire de la emisora.
El doctor dijo entonces que se acordaba de algo: “La Carlotto tenia cuentas
pendientes con la justicia por el desmanejo de fondos, en los que incluso están
involucrados los Schoklender". Imagino que confundió con Eve de Bonafini,
creadora de la agrupación Madres de Plaza de Mayo, la imagen de Carlotto.
Doble latrocinio del doctor, además de no estar informado y
perderse en la historia contemporánea de la Argentina , presupone que
por irregularidades cometidas (llevando al caso de Bonafini) no tienen derecho a
recuperar y encontrarse con sus nietos naturales. Cuyos padres fueron
desaparecidos por los represores de la última dictadura.
Mi compañero seguía en su relato de indignación. El doctor
que a esa altura ya estaba más del lado del desamor, que del amor, como gusta
llamarse abrigando esperanza de conseguir alguna paciente que abrigue su
corazón y satisfaga vaya a saber qué instintos, siguió en línea directa al
precipicio de los lugares comunes de la clase media. Y para ello no tuvo mejor
idea que citar como ejemplo lo que ocurre, a su entender, qué pasa con la
devoción a San Cayetano en los últimos años.
Estimó que la gente, es decir los correntinos, ya no iban
hasta la pequeña comarca homónima a la Capital provincial a pedirle trabajo o
agradecerle tenerlo, sino que caminaban hasta allí “para pedirle planes
sociales”. Decía que su opinión era como “católico”, a la indignación de mi
interlocutor se me vino la imagen de los obispos con los genocidas todos los
domingos en las principales iglesias del país. Los Tedéum y las fotos de las
fiestas en fechas patrias en las principales portadas de los diarios.
¿Puede haber tanta impunidad de mala praxis en los medios?
Quizás eso explique, en mediana escala, por qué tenemos los mismos
gobernantes en la provincia desde hace décadas. Algo que no exime de la
responsabilidad al doctor, con quien claro, al menos yo no me atendería.
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