Ahora que una pensión es un palacio. Donde nunca falta espacio. Para más de un corazón
Joaquín Sabina. Ahora qué.
La adrenalina de los saltos al vacío se mixtura a la
perfección con no saber qué hay en el fondo, cuál será la atmósfera existente
tras cruzar esa frontera del precipicio.
Lo que nos hace frágiles aún es no saber qué pasará un
minuto después de cada respiro.
Podemos planificar y prever algunas cosas pero no tenemos
certidumbre. La humanidad todavía no puedo conquistar ese páramo. La certeza de
saber exactamente qué habrá en nuestra existencia: será lo mismo saber, a qué hora
moriremos, cuándo conoceremos el amor, el odio, el rencor, la desidia, la
pasión, la risa, el llanto.
¿Será bueno saber todo eso? con anticipación…perderíamos la
esencia humana o nos perfeccionaríamos. Podríamos pasar a un estado más
complejo como seres vivientes. ¿Superador?
Quizás, algunos les gusta tener todo planificado para el
“día de mañana”. El desorden es un pecado y olvidar los malos tragos para la
planificación, es necesario.
Es bueno aún no saber qué nos depararán los precipicios.
Como es bueno decir que el diablo sabe más por diablo que por viejo. ¿O a veces
es viceversa?
Ahora que los huesos crujen. Que las resacas son más largas
y que los minutos de sexo son más breves. Ahora sí se puede decir que los diablos
radican su sabiduría en su esencia y no en los años.
Ahora que todavía hay algunos puertos por descubrir aunque
la tierra firme asegure el confort de un buen burgués. Ahora que al mar se
devuelven peces pequeños y que las sirenas ya no nos engañan.
Ahora, claro, que se beben los mejores vinos para cuidar la
gastritis y las úlceras. Que la tolerancia es cero y que nos mudamos a las
antípodas de todo para protegernos. Ahora que las drogas son recuerdos lejanos
como los besos en andenes de antaño.
Ahora que se rompe el cuerno posterior del menisco interno,
pulverización de codo derecho e hipoacusia progresiva.
Ahora que si se piensa bien, vale la pena. Que la libertad
ficticia tiene precios elevados que la orfandad hace más débil la existencia. Que
ya no es aconsejable navegar con marea alta. Que siempre hay que irse antes del
amanecer y de la primera sirena. Porque el rock ahora es una caricatura. Como
una bonita sonrisa que supo ocupar un delicado rostro. Como esta humanidad que
cada vez pasa a ser más pieza de museo.
Así es lo efímero de la vida. Buscar siempre el complicado
equilibrio entre el ahora, el después y lo que vendrá.